El diamante es la gema más apreciada y sobrevalorada en el mundo, forma parte de las joyas reales de las principales monarquías, es símbolo de riqueza, de lujo y de clase. Pero su magia deriva de una de las mejores campañas publicitarias que anuncia que “es para toda la vida”, convirtiéndolo, bajo un anillo de compromiso, en el incuestionable testigo del amor verdadero que promete: será eterno.
Pero ¿qué características posee esta gema como mineral? El diamante está formado exclusivamente por carbono, pertenece a la clase de elementos nativos. Se presenta en cristales de forma octaédrica y hexaoctaédrica, de forma individual o intercreciendo con otros cristales semejantes.
La palabra diamante proviene del griego αδάμας “adamas”, que significa a-sin, damas – gobierno, se podría interpretar como “yo gobierno”, “yo domino” de donde derivan los términos como “indomable”, “inalterable”, e “invencible”, que hacen alusión a su elevada dureza.

Esta propiedad mineralógica se refiere a la facilidad o resistencia que tiene un mineral a desgastarse por fricción. Para su medición existe la escala de Mohs, compuesta por minerales que van de 1 a 10, siendo el diamante el del valor máximo, esto implica que no puede ser rayado o desgastado por ningún otro mineral, más que por sí mismo.
Sin embargo, a pesar de ser el mineral más duro de la naturaleza se puede quebrar con facilidad al ser sometido a esfuerzos mecánicos. Esta propiedad se acrecienta porque sus átomos se acomodan en planos que facilitan su ruptura.
Datos técnicos
La dureza del diamante se debe a la gran fuerza de sus enlaces atómicos, la cual produce que también sea extremadamente difícil fundirlo, requiriéndose temperaturas cercanas a 4000 °C en ausencia de oxígeno.
Otra propiedad sorprendente del diamante es su capacidad de conducir calor que es más de tres veces que la del cobre. Pero quizás la propiedad más apreciada por todos es su brillo especial, el cual recibe el nombre de adamantino.

Los diamantes puros son incoloros pero pequeñas impurezas de nitrógeno les confieren colores amarillentos a marrones en tonalidades claras; si son de boro, adquiere tonalidades azules a grises; si son irradiados con partículas alfa se vuelven verdes y si tienen deformaciones estructurales se volverán rosas o rojos. Los diamantes negros o carbonados se presentan en pequeñas masas microcristalinas y si además presentan una estructura esferoidal son conocidos como bort.
Por su belleza, los diamantes claros se utilizan como gemas, la calidad está basada por las 4C que son: cut-talla, clarity-pureza, carat- peso y color. En ello se basa su precio y no en el quilataje, el cual corresponde a una medida de peso, donde un quilate es igual a 0.2 gramos. Los diamantes negros por su forma e impurezas se usan en la industria, principalmente para fabricar herramientas de corte de alta dureza como brocas de barrenación, cortadoras y sierras de rocas y polvo para pulir.
Los diamantes tienen una densidad que puede variar de 3.15 a 3.53 gr/cm3. También son luminiscentes en colores azules, verde y amarillo. Estas propiedades de densidad y fluorescencia permiten separarlos de otros minerales que los acompañan en los sedimentos de los ríos y los mares.
Los diamantes requieren muy altas presiones y temperaturas para formarse y crecer, las cuales sólo se alcanzan en la parte inferior de la corteza continental, a profundidades estimadas entre 140 y 190 km. Desde allí, los diamantes pueden ser arrastrados hasta la superficie por los flujos de magma, que ascienden por conductos en forma de tubo o chimeneas y aunque el magma puede estar a 1200 °C, la alta temperatura de fusión del diamante les permite viajar en ellos sin daño alguno.
Al ser expuestas estas rocas a los agentes atmosféricos los diamantes pueden liberarse de su prisión y ser transportados por ríos y depositarse en sus cauces e incluso llegar a las playas y zonas marinas costeras de donde actualmente se extraen mediante la minería marina.
Fuera de su ambiente de formación el diamante tendrá que adaptarse a las nuevas condiciones de baja temperatura y presión, afortunadamente la conversión es tan lenta que no será vista por el ser humano. Pero puede convertirse en dióxido de carbono (CO2) a partir de 700°C en presencia de oxígeno y pasar a grafito a 1700°C en un ambiente sin oxígeno.

Nuevas investigaciones
Estudios recientes indican que el carbono del que se han formado, los diamantes, puede ser de origen orgánico o inorgánico, aportando de esta manera conocimiento sobre la dinámica interna de nuestro planeta. Los diamantes también pueden crearse en la superficie terrestre, como consecuencia del impacto de meteoritos relativamente grandes. Otros llegaron viajando dentro de los meteoritos, podríamos decir que son fragmentos de rocas caídas del cielo con diamantes.
En otros cuerpos celestes, las condiciones para su formación son muy diferentes y pueden alcanzar tamaños increíbles. El más grande descubierto hasta ahora, lleva el nombre de “Lucy”, tiene aproximadamente 4000 Km de diámetro, se encuentra en la constelación de Centauro (a 50 años luz o a 9.46 x 10 12 Km) y corresponde al núcleo de una estrella enana blanca (BPM 37093), fue bautizada con ese nombre por la canción de los Beatles “Lucy in the sky with diamonds”.
Pero, dentro de nuestro “vecindario”, recientes investigaciones han propuesto que en Júpiter y Saturno los diamantes se forman dentro de su atmósfera con facilidad y caen como lluvia hacia su superficie, los científicos han estimado que se forman alrededor de ¡100 toneladas por año! ¿Puedes imaginarlo?… ¿Será la minería espacial, la que los traiga a la Tierra?
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"La palabra diamante proviene del griego αδάμας “adamas”, que significa a-sin, damas – gobierno, se podría interpretar como “yo gobierno”."