El uso principal del antimonio es en la industria de los semiconductores y producción de diodos. Este elemento se utiliza en aleaciones a las que confiere mayor dureza y resistencia. En este sentido se usa para dar mayor dureza al plomo en municiones y en terminales de baterías y acumuladores.
También se utiliza en recubrimientos de cables y para fabricar utensilios de peltre. Las aleaciones de este metal con otros como el estaño, les confiere propiedades de antifricción lo que favorece su uso para producir cojinetes y rodamientos.
Además, se emplea en la medicina como un expectorante y purgante. Algunos compuestos de antimonio se utilizan en la fabricación de materiales resistentes al fuego, esmaltes, pinturas, vidrios y cerámicas.
En este sentido el trióxido de antimonio es el compuesto más importante usándose principalmente como retardante de llama. Estas aplicaciones abarcan distintos mercados como ropa, juguetes y cubiertas de asientos. Paradójicamente el antimonio también se usa para producir cerillos.



